Concurso de Cuentos Harrowing

La caída de una estrella, una flecha maldita y una canción de niebla negra – Cuento de Harrowing por Atenealawrence

Nombre: Abigail Esquivel Solís
Nombre de invocador: Atenealawrence

La caída de una estrella, una flecha maldita y una canción de niebla negra

Se alinean las estrellas, gritan con desesperación sin ser escuchadas, este año, la niebla negra sería aún más fuerte. En el fondo, la intranquilidad está latiendo cada vez más rápido a lo largo de Runaterra. En las calles, se siente un viento místico y tenebroso. Si eres lo suficientemente perceptivo podrás oler la sangre, la sal de aguas turbias y los dulces de Valoran al mismo tiempo.

Mientras tanto en las espesuras de Jonia…

La guardiana de las estrellas se encontraba en el bosque donde pertenecía desde hace tantos años atrás, sacrifico su inmortalidad para descender al reino de los mortales, Soraka la estrella caída. Sentía las vibraciones de los cuerpos celestes anunciando los eclipses próximos por la cosecha. Harrowing estaba a punto de iniciar. Perturbada por todas las historias de la niebla negra, devastada recordó la noche fatídica en que decidió luchar, decidida a sanar a Otrora, la noche en la que dejo de escuchar a las estrellas, su primera vez en ese mismo lugar donde se encontraba justo ahora. ¿Cómo podía haberle traicionado? Ella solo quería ayudarlo. Aun ahora estaba decida a proteger a los más débiles, haría los posible para evitar que la niebla negra llegara a los bosques.

Los residentes de Valoran en general tienen la costumbre de disfrazarse para evitar el mal, compartir dulces y hacer de la última cosecha del año un festejo digno de disfrutar.

¿Cómo pueden hacer festivales, festines, circos y carnavales cuando la isla de las sombras se deshace para dejar nacer la niebla negra?

Por su parte Warwick hacía una visita en la academia de la guerra, estas fechas acostumbraba pasarlas junto con Singed. El cazador sanguinario y el químico loco, aún con toda su contribución para el ejército noxiano, no habían sido suficientes para traer a Jonia abajo.  Discutían de manera cínica sobre ir o no ir a un festín.

Los kindred devoraban y cosechaban más almas en esta época del año. La incidencia de asesinatos ya de por si solía ser alarmante, pero los sacrificios para rituales, los interesados en la oscuridad, teñían de sangre las calles, el rojo del infierno ardía como una chispa oculta en los ojos de todos los que alguna vez habían sido llamados a la grieta del invocador.

Aún Soraka era capaz de asesinar a sangre fría por proteger a alguien débil.

Jonia no era la excepción de las festividades de Harrowing. La adorable pareja de vastaya se paseaba por uno de los circos disfrazados.

Aún guardando el templo Jonio de la oscuridad se encontraba Varus, quien cada vez se perdía un poco más en la abismal negrura de la corrupción.

La corazonada de la hija de las estrellas terminaba con un latido doloroso en la entrada del templo, el eclipse parcial estaba en su punto máximo. Se veían a lo lejos los juegos artificiales de los otros ciudadanos de Jonia divirtiéndose.

Su temor era cierto, la niebla negra corría como la sangre sobre los muelles de aguas turbias.

Al entrar al templo, sentía la corrupción pegándose sobre su piel como un manto seductor.

– ¿Varus? – Preguntó por lo bajo.

Una flecha paso rozando su cara, la sangre bajo por su quijada.

-No hay perdón. – exclamó definitivamente no parecía exactamente orientado.

-Mientras viva nadie conocerá el sufrimiento. – Se acercó de forma rápida casteando un hechizo para sanarlo, con la esperanza de retroceder un poco el proceso de la corrupción.

Durante unos segundos permaneció en silencio, sus ojos retomarón un pequeño trazo de lo que alguna vez atrás habían sido.

-La culpa dará lugar a la agonía, puedo ver que aún te sientes culpable, yo también vivo en constante agonía. c Su voz resonó con amabilidad, mientras miro extrañado la apariencia de la contraria.

-No, no me alegro de verte, y sí, lo que sale de mi cabeza es un cuerno. Necesito tu ayuda, creo que la niebla oscura…–hizo una pausa. –Debo evitarlo, debo protegerlos.

-Hago lo que tengo que hacer, tengo claro mi propósito. – Dijo para ser nuevamente devorado por la corrupción.

Un viento frío soplo por todo el templo y finalmente anocheció. Varus nuevamente intento atacar a Soraka, esta se refugió detrás de una columna.

-La oscuridad te envuelve. – Se escuchó un susurro siniestro.

Horrorizada miró el templo llenarse de la niebla negra. Hoy, azotaría Jonia.

-Oye mi canción, el ritmo de tu vida se ralentiza, yo cantó la palabra de la muerte. – Dijo en una tonada tétrica y sádica.

-Ni un paso más. – Titubeo tratando de ver en la oscuridad de dónde provenía esa canción sosteniendo su arma con fuerza.

La niebla ya no le permitía ver a Varus.

Una flecha atravesó el hombro de la curadora. –Témanle a un hombre que no tiene nada que perder. Hago lo que tengo que hacer. – Dijo disparándole por segunda vez.

Ahora el vagaría para siempre en los ecos oscuros y taciturnos vacíos de la niebla negra.

-Aún no he terminado mi trabajo, estoy disfrutando de un tiempo prestado. – Pronunció Varus de forma sádica disparando en una de las piernas de Soraka.

-Sentir la caricia de la muerte por vez primera, como te envidio. – Karthus se revelo en la niebla negra delante de Soraka y miró a Varus complacido con como la energía de ese poderoso templo se arraigaba a su alma. –Estas en la antesala de tu liberación Varus, VEN bebe del grial. – Dijo extendiéndole una copa a la flecha del castigo y con esto el templo comenzó a colapsar dejando que la niebla comenzara a propagarse por Jonia

-Un compañero para la eternidad. – Acompaño con una risa cruel.

-Dame un objetivo. – Le exigió Varus.

-Que las estrellas me oigan. – En una súplica intento atacar inútilmente al canto de la muerte.

-Su poder crece con el tiempo como el mío. – Se agachó para mirar la sangre de Soraka tornarse oscura en el suelo del templo –¿Qué te protegerá de lo inevitable? – Pregunto curioso disfrutando cada segundo del miedo de la contraria.

-Lo que sea necesario. Nunca desperdicio ni un aliento. Vivo, por la vida. – En un patético intento de huir ataco al contrario con su luz debilitándolo y esto solo le hizo enfurecer.

Los pedazos del templo comenzaron a caer, uno de estos quebrando una de las patas de la fabulosa creatura definitivamente era su perdición, era la perdición de Jonia. – Mírame y desespera, contempla tu ruina, Soraka. – Karthus terminó por liberar la oscuridad y la corrupción del templo con un ritual al parecer con el grial del que había hecho beber a Varus. Con un gesto le indicio que la liquidara.

–No hay salvación. El costo de tu vida es de una sola flecha. – Dijo disparando directamente al pecho de la contraria. Los hilos de sangre salieron de la boca de Soraka y en un último intento trato de curarse a sí misma. –Tanto odio en sus corazones. – Vocalizo con dificultad.

–Al final solo los muertos perduraran, escucha la herejía de los perdidos, yo puedo ofrecerte la verdad. – Karthus usó Réquiem y el cadáver de la guardiana formó parte de la niebla negra. El templo se destrozó y la gente en las cercanías horrorizada gritó al ver que la niebla los consumiría, pero esto fue ignorado pensaron que era un juego, que jamás llegaría a Jonia.

Soraka y Varus iniciaron a masacrar a los suyos.  – A ti no te salvaré, mi camino está claro, por el poder de las estrellas no tienen derecho a vivir. – Soraka el agujero negro pronuncio sádica mientras arrebataba las vidas de quienes se interponían a su paso.

Caerá Jonia como la noche de Harrowing haciendo ríos de destrucción a su paso.

–Pronto llegara la decadencia, nadie puede resistir la llamada de las cizas de la sombra. – Finalizo Karthus dispuesto a expandir más la niebla negra.

Si deseas participar, lee bien la reglamentación y llena el formulario aquí. También, puedes apoyar tus cuentos favoritos en nuestro álbum para elegir al favorito del público aquí. Para aprender más sobre nuestro concursos y torneos de Harrowing puedes visitar la página principal del evento.